Amor por la vida

Yo amo a mi perro; a la vida.

Yo amo a mi perro; a la vida.

Hace unos días me llegó un documental, corto, de unos 6 o 7 minutos, sobre el maltrato animal en China. Estaba enfocado en perros y gatos, y en los infinitos maltratos que estos animales –inocentes como todos– sufren desde el segundo que son capturados.

En China existe el “mercado negro” de perros y gatos, los cuales –al caer en manos de estos “tipos”– están destinados al sacrificio, para luego ser parte de un plato de comida. Hay comercios que venden carne de gato y carne de perro; no es un mito. Lo horrible de esta historia es que son animales –en muchos casos– domesticados. No importa la raza. Esta “gente” va por ahí robándose la mayor cantidad de ejemplares posibles, para encerrarlos, engordarlos, sacrificarlos, venderlos, y servirlos en un plato de comida, ¡por Dios!

Estos perros y gatos son encerrados –en grupo– en jaulas donde apenas tienen espacio para que sus pulmones inhalen y exhalen algo de aire. Así viajan miles kilómetros a lo largo del territorio chino, donde los espera un comprador; un delincuente; un hombre que personalmente no podría llamarlo hombre. El trato que reciben es lamentable; es patético, y debo decirlo así porque no tiene otra descripción.

Algunos me dirán que es un tema de cultura, que por qué no escribo un post hablando sobre las vacas, conejos, y demás animales que el ser humano incluye dentro de su cadena alimenticia, pero es que ése no es el punto. El punto va más allá de la cultura. No entiendo cómo pueden hacerle tanto daño a un animal que históricamente ha sido domesticado. Palazos, patadas, golpes, pinchazos, etc. de porquerías sufren estos animales antes de que les llegue su hora. El terror en sus ojos cuando son secuestrados; la incertidumbre que los inunda cuando están en un sitio que les rompe su armonía; la tristeza que proyectan es indescriptible, ¿y todo por dinero?, sí, por ese “amor” venenoso por el dinero que tiene al mundo tan enfermo.

Mi llamado es común; es un llamado que todos hacen pero que pocos practican. Mi llamado es para que verdaderamente respetemos la vida de la mejor forma posible. No podemos descargar nuestros traumas con estos seres (ni con nadie) que no hacen otra cosa que amarnos desinteresadamente. Seamos gente; seamos únicos, pero siempre positivos.

Hoy hablé de perros y gatos, porque gran cantidad de hogares a nivel mundial tienen este tipo de mascotas, pero si vamos más allá, vemos este tipo de conducta en cientos, o miles de ejemplos, todos protagonizados por el ser inteligente del planeta: el hombre.

Amemos; seamos coherentes; seamos gente, el planeta nos lo va a agradecer.

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